LyE:
¿Qué entiende
Ud. por Derecho?
Zaffaroni: Que pregunta!!
Sin pretensiones de precisión científica,
podríamos decir que el Derecho es un instrumento
para posibilitar la convivencia social. Pero no me van
a hacer hablar de filosofía jurídica!!!
LyE: ¿Y el
poder?
Zaffaroni: Un instrumento
de control vertical
LyE: ¿Cuál fue el primer libro de
derecho penal que leyó en su vida?
Zaffaroni: (Risas) El de
Fontán Balestra. Pero luego rendí en una
cátedra positivista y leí la bibliografía
peligrosista. Era increíble, estaban todas las
clasificaciones de los delincuentes del biologicismo,
una cosa espantosa. Me acuerdo que, con un amigo, habíamos
hecho unos resúmenes que distribuimos por toda
la facultad y que se vendieron en forma de apuntes para
toda una generación.
LyE: ¿Y con quién
cursó Elementos de Derecho Penal?
Zaffaroni: Con la cátedra
de Juan Silva Riestra.
LyE: ¿Quiénes
fueron sus referentes o maestros en la disciplina jurídica?
Zaffaroni: Y... fueron muchos. Recuerdo particularmente
a Giuseppe Bettiol, a Francisco Blasco Fernández
de Moreda, a Alfonso Quiróz Cuaron, a Manuel de
Rivacoba y Rivacoba, entre otros tantos.
LyE: ¿Y Alessandro
Baratta?
Zaffaronni: Sí, seguro,
también. Pero Baratta es una influencia muy posterior,
como la de Louk Hulsman.
LyE: ¿Se siente discípulo
de Michel Foucault?
Zaffaroni: No sé si discípulo pero
me he nutrido bastante de él. Sus obras fueron
muy importantes, sobre todo para trabajar la cuestión
del poder. Creo que nadie que se mueva en una disciplina
cercana al poder puede ignorar sus contribuciones.
LyE: ¿Qué libros
le recomendaría a un estudiante?
Zaffaroni: Es muy importante conocer la filosofía,
no importa cómo pero de algún modo hay que
empezar. Creo que es fundamental comenzar desde joven
a leer filosofía. Vale la pena leer alguna buena
introducción, como la de García Morente,
y tener a mano una buena historia de la filosofía
o un diccionario, como Abbagnano, por ejemplo.
LyE: ¿Qué opinión
le merece el nivel académico de la facultad?
Zaffaroni: El nivel académico de nuestra
facultad no es tan malo como a veces se lo presenta, por
el contrario, creo que es bastante aceptable, inclusive
si lo comparamos con otros países. La gratuidad
en el acceso es un elemento que disminuye las barreras
sociales; pensemos que es preferible que una persona ingrese
al sistema universitario, a que una traba económica
le impida directamente su acceso. Si luego no camina,
será una frustración personal, pero es mucho
peor el resentimiento que crearía un impedimento
económico.
LyE:
¿Considera que la implementación de “nuevas
tecnologías” favorecería la dinámica
de la enseñanza?
Zaffaroni: Me parece
que sí, en la medida en que no se convierta en
un instrumento limitador del acceso a la enseñanza.
Sería interesante comenzar a trabajar con todo
el instrumental tecnológico, poder hacer clases
a distancia, eso será indispensable.
LyE: En los últimos
años, el jurista español Francisco Muñoz
Conde ha realizado investigaciones importantísimas
en punto al pasado nazi de uno de los juristas penales
más importantes del siglo XX, Edmund Mezger. Otros
autores contemporáneos con fundamentos tal vez
más endebles, postulan que el propio Hans Welzel
también ha simpatizado con el régimen nacionalsocialista.
¿Piensa que una investigación histórica
más profunda en torno a Welzel, podría deparar
los mismos resultados que con Mezger?
Zaffaroni: No. Welzel no
era nazi. Mezger era el nazi. Podemos calificar a Welzel
como un conservador pero como un nazi, que es una cosa
bien distinta. Welzel es el típico pensador de
la Alemania de posguerra, de tiempos de Adenauer.
LyE: El rol que actualmente
cumplen los mass media dificulta la aplicación
del principio de limitación máxima de la
respuesta contingente ¿Cuáles son las bases
que propenderían a la efectiva consagración
del principio?
Zaffaroni: Sí, es
una tesis que tomé de Baratta. Es algo muy importante
para limitar la irracionalidad del legislador, tan frecuente
en estos tiempos de autoritarismo fashion y de legislación
penal cool.
LyE: ¿Qué opina
de todas estas teorías, particularmente norteamericanas,
que ven con disfavor al control judicial de constitucionalidad
por oponerse a una idea amplia de democracia?
Zaffaroni: Son nuevas versiones
de la tesis originaria de Carl Schmitt.
LyE: Pero son teorías
actuales…
Zaffaroni: Sí, sí
ya sé. Pero reproducen las viejas tesis de Carl
Schmitt. La cuestión viene planteada desde la polémica
con Kelsen en los años treinta acerca de quién
debe ser el custodio de la Constitución. Carl Schmitt
consideraba que los jueces son burócratas y que
en las crisis decidía el poder político,
que era el único que podía identificar al
enemigo. Nada ha cambiado, los norteamericanos no descubrieron
nada; además, ellos sostuvieron esos argumentos
también en los años treinta, cuando la Corte
estadounidense obstaculizaba el New Deal a Roosevelt.
LyE: ¿Piensa que caen
en la omnipotencia legislativa?
Zaffaroni: Sí, seguro.
No me caben dudas, si se libra todo al legislador ordinario,
la Constitución es un simple acto de buena voluntad
que se respeta cuando el poder de turno quiera. Por eso
es que son tan peligrosas.
LyE: ¿Cuál
cree que sería el mecanismo para controlar adecuadamente
la conducta de los funcionarios públicos?
Zaffaroni: Creo que deben
reforzarse las facultades que tiene otorgadas el Ministerio
Público y no favorecer la creación de oficinas
dependientes del Poder Ejecutivo que duplican los controles
innecesariamente.
LyE: ¿Qué reflexión
le merece la situación presupuestaria de la Justicia
Nacional de Ejecución Penal en materia de estado
y situación de vulnerabilidad de los criminalizados
secundariamente?
Zaffaroni: Considero que, aunque la asignación
adecuada de presupuesto es importante, no es suficiente.
Tenemos que saber para qué gastamos, ¿no?
LyE: ¿Está
escribiendo algo?
Zaffaroni: Estoy trabajando
sobre el derecho penal del enemigo.
LyE: ¿En forma de
libro, de artículo?
Zaffaroni: De artículo.
LyE: En materia de DD HH
hay una discusión respecto de la exigibilidad.
Pareciera ser que los jueces son los únicos que
están dando respuestas para que no queden como
meras declaraciones ¿Por qué no el legislativo
o el ejecutivo?
Zaffaroni: El poder legislativo
no las va a dar. Creo que en este momento tenemos una
responsabilidad enorme que es controlar este desborde.
Lamentablemente no tenemos signos desde la doctrina. O
sea, la Doctrina es la que tiene que bajarnos línea
y no suele hacerlo.
En América Latina nos movemos un poco más,
pero en Europa no veo una verdadera reacción en
este sentido. No veo una defensa cerrada del segmento
académico de los principios del derecho penal liberal,
bajándole línea a los jueces. Creo que tenemos
aquí más vitalidad en ese sentido. En cierto
sentido, cuando Jakobs piensa en el enemigo está
imaginando al terrorista que va con la bomba al subte
de París o de Madrid, en lugar, cuando nosotros
oímos a alguien teorizar sobre el derecho penal
del enemigo de inmediato pensamos en un poder que trata
de convertirnos en enemigos a nosotros y si es posible
de matarnos también.
Hasta por legítima defensa personal o por mero
instinto de conservación decimos “cuidado,
a ver quien va a definir el enemigo, porque el primero
que va a definir como enemigo puedo ser yo”. Nuestra
vivencia latinoamericana de catástrofes, de golpes,
de genocidios, de dictaduras, de barbaridades policiales,
es enorme. Quizá eso hace que tengamos una reacción
más vital que la de los europeos.
LyE: Enemigos internos.
Zaffaroni: Claro, nos han
fabricado enemigos mucho más recientemente y con
mucha mayor brutalidad. Las barbaridades europeas pasaron
hace 60 años, la generación de hoy se olvidó,
se la contaron los abuelos. Pero no la vivió, eran
muy chiquitos. Aquellos alemanes que yo veía hace
30 años y que habían vivido la guerra se
murieron o están en el geriátrico.
Los actuales han vivido el estado de bienestar de la posguerra,
un progreso extraordinario, y hoy, como clase media europea,
ven el retroceso, ven el estado de bienestar estancado,
una cantidad de negros en las calles que les molestan,
los tienen que soportar a algunos porque son de sus ex
– colonias, son ciudadanos. Empiezan a ver iraníes,
gente rara que viene de Europa del este, albaneses que
venden salchichas, yugoslavos, y tienen una reacción
xenófoba. Hasta países que nunca fueron
racistas, como Italia, registran esas reacciones. Y también
nuestros colegas de allá son de clase media.
La xenofobia aumenta a medida que bajamos en la escala
social europea. Si bien los trabajadores menos calificados
estén mejor que los nuestros, sin lugar a dudas,
el estado de bienestar está en crisis, y el lugar
que se va reduciendo para los menos calificados, en los
hospitales, en la escuela, en el barrio, etc., les es
disputado por los inmigrantes. Los inmigrantes no disputan
espacio con la clase media que vive en barrios residenciales.
De allí que sea en las bases de las pirámides
sociales donde prenden más los discursos xenófobos.
La teorización penal que recibimos es de autores
que viven en ese contexto, que se mueven con una legislación
que emerge de clases medias asustadas y de clases trabajadoras
que tienen los beneficios del estado de bienestar muy
reducidos y que, además, les son disputados por
las inmigrantes. La legitimación de esa legislación
no es mayoritaria en la doctrina europea, pero está
cundiendo por América Latina, que la compra como
si fuesen meras tecnologías. Se opera un fenómeno
de alienación política con los discursos
que traemos nosotros de Europa, porque les hacemos perder
el marco o contexto político.
El discurso en su contexto originario tiene un contexto
político y nosotros lo eliminamos, al tratarlo
como una tecnología aséptica. Binding era
Bismarck, Von Liszt era el segundo momento del imperio,
Mezger era el nazismo, Welzel era Konrad Adenauer, Roxin
es Willy Brandt y Jakobs es Helmut Kohl. Con esto no digo
que Helmut Kohl lo encargó por teléfono,
o que estaba Konrad Adenauer hablando con Welzel todas
las mañanas, no, sino que ese era el contexto político
del respectivo discurso, que originariamente no es un
discurso apolítico o despolitizado. El discurso
se incardina en un contexto político que será
bueno, malo, que me gustará o no me gustará,
pero que existe, y nosotros lo traemos como si nos comprásemos
el último modelo de Volkswagen, que ahora tiene
el marcador de nafta y de aceite: este es el último
modelo, la mejor tecnología alemana que estamos
trayendo. Es ese el problema que tenemos.
Con esto no quiero significar en modo alguno que debamos
abandonar la dogmática alemana o ignorarla, nada
de eso, creo que debemos tomar su técnica, pero
teniendo en cuenta que el modelo lo tenemos que hacer
nosotros conforme a nuestros objetivos políticos.
Y el objetivo de hoy es parar este autoritarismo. Mañana
no sé cuál será nuestro objetivo,
pero el de hoy es ése. No discuto ni minimalisno
ni abolicionismo. Hoy hay que parar un monstruo autoritario
que por vía penal superficial, realmente cool,
se viene encima, en toda la región, porque si no
lo detenemos naufragan nuestros estados de derecho en
el fango de la peor de las mezclas, que es el autoritarismo
con la corrupción.
LyE: ¿Quién
tiene el rol más importante, los académicos?
Zaffaroni: No sé quién
tiene el rol más importante, lo que sé es
que hay que cumplir ese rol, poder tenemos. No tenemos
el poder de hacer las leyes pero sí el de proveer
el discurso, y el discurso en sí mismo tiene un
poder, el poder del discurso existe. Yo creo que tiene
razón Glucksman cuando dice que “con salchichas,
soldados y aguardiente no basta”, falta el texto,
y el texto lo hacemos nosotros. Por supuesto, el poder
del discurso no es el mismo que puede tener el dueño
de un canal de televisión, o de todos los canales
de televisión. Pero, nuestro poder tenemos.
LyE: ¿Piensa que la
contradicción Derecho penal - poder punitivo debería
darse en cada una las agencias?
Zaffaroni: Creo que sí,
y creo que la reacción va a partir de las agencias
policiales. Los veo mucho más vinculados a la realidad
que nosotros. Se van a cansar de esto. Los están
decapitando todos los días en todo el mundo, sobre
todo en América Latina. Los están desprestigiando
terriblemente. No niego que han hecho un considerable
esfuerzo, pero la responsabilidad por la destrucción
de nuestras policías pertenece a los políticos.
Pero como no puede haber una sociedad sin policía,
de ella van a salir algunos segmentos que van a parar
este discurso más que nosotros. Tengo la impresión
de que eso va a suceder así.
LyE: ¿Cómo
vivió su paso por la política?
Zaffaroni: Interesante, me
permitió primero darme un gusto. De adolescente
había militado, y después no había
vuelto a hacer política y me había quedado
con las ganas. Salvo la policía no me falta conocer
ningún otro segmento de los que participan en el
sistema penal desde adentro. Es básico conocer
el segmento político y esta experiencia me permitió
hacerlo. No fue una experiencia negativa.
LyE: ¿Sería como una forma más
activa de cambiar la realidad?
Zaffaroni: Quizá yo
tenía la impresión que desde la política
se podían hacer más cosas, después
me di cuenta de que, en realidad no era tanto. Pero bueno,
es importante tener la vivencia. A mí cuando me
dicen que los políticos se montan sobre este discurso
demagógico, vindicativo, no lo creo, porque, salvo
excepciones, no se montan sino que no tienen alternativa.
Están sitiados. El fenómeno es extraño.
No es el Estado que está imponiendo un discurso
único a los medios masivos a través de una
censura, sino que son los medios masivos que le imponen
un discurso único al Estado.
LyE: ¿Cómo
se logra controlar a los medios de comunicación
sin violar la libertad de expresión?
Zaffaroni: Tarde o temprano,
y no sé después de cuantos muertos (pero
ya tenemos unos cuantos), alguien dice que el rey está
desnudo. En algún momento algo pasa o surgen fisuras
dentro de los medios; no hay que censurar, hay que usar
los mismos medios. Las limitaciones a la libertad se resuelven
con más libertad, censura no, de ninguna manera.
Es tan irracional el poder represivo actual que no soporta
un discurso académico, por más loco que
éste sea. Es decir, el discurso académico
que legitimaría hoy al poder represivo, si no estuviese
pasado de moda, sería el de Garófalo.
LyE: Ahh!!…Estamos
bien.
Zaffaroni: Nadie desde una
cátedra puede sostener hoy la criminología
de Garófalo, que es el manual de racionalizaciones
de violaciones a los derechos humanos más genial
que se haya escrito en la historia; es bueno leerlo pues
no tiene desperdicio, una cosa atroz. No puede haber discurso
académico sosteniendo eso, es increíble
pero es así. Los ensayos que ha habido de sostener
esto desde lo académico no se dieron entre nosotros
en América Latina. En otros lugares, y más
o menos contemporáneamente, fueron muy débiles,
muy al comienzo del Reaganismo, después no han
insistido con eso.
LyE: ¿Piensa que el
dictamen que hizo para Costa Rica en materia de delitos
sexuales podría erigirse como modelo de respuesta
racional a las campañas de ley y orden?
Zaffaroni: Yo creo que sí,
pero el momento en que yo hice esas cosas había
campañas de ley y orden. Hoy no hay campañas
de ley y orden, hay directamente una búsqueda continua
del enemigo. La campaña de ley y orden es algo
que se lanza procurando un enemigo, tienen una duración
limitada, como la que se llevó contra supuestos
abusadores de niños en Europa (en realidad contra
los consumidores de pornografía infantil por internet),
que posibilitó una campaña que causó
pánico y muchos suicidios.
Hoy no tenemos una campaña, sino directamente la
búsqueda continua del enemigo. No hay ninguna campaña,
sino que se trata de un sistema basado en la publicidad
que no tiene fisuras, se le agotó un enemigo y
crea otro, con tal velocidad que no permite la respuesta
liberal, porque ésta última emerge cuando
hay lucha de corporaciones por la hegemonía del
discurso. Acá no hay lucha de corporaciones sino
que es la misma que va cambiando el enemigo, ella misma
lo desecha y lo cambia. Es decir, cuando el jesuita Spee
en 1631 destruyó todos los argumentos del Malleus
Maleficarum, era el Jesuita desarmando a los Dominicos,
porque necesitaba deslegitimar el discurso de éstos
para establecer una nueva hegemonía corporativa.
Esto se fue repitiendo y cada vez que se demuele una hegemonía
corporativa se desarma su discurso, produciéndose
un bache en el que se introduce el discurso crítico
o liberal. Pero hoy no puede surgir un Spee, porque no
hay lucha de corporaciones, no hay otra corporación
que se meta a deslegitimarlo. La otra corporación
tendríamos que ser nosotros y tendrían que
ser los propios policías.
Y aunque parezca insólito, los penalistas críticos
o liberales vamos a tener que aliarnos con un segmento
de la policía. Podemos tener una sociedad sin ejercito,
sin aeronáutica militar, sin marina, pero una sociedad
sin policía no podemos tener, es inevitable que
tengamos una policía federal, una gendarmería,
una prefectura y una policía aduanera, sino no
funcionamos. ¿Definimos el modelo en 20 años
de democracia? No. Bueno, hay que definirlo- , hay que
hacer esa policía. ¿Qué modelo de
policía tenemos? Un modelo de policía definido
hace 61 años. ¿A qué norteamericano
se le puede ocurrir que el FBI puede estar en el centro
de Washington persiguiendo carteristas? A nosotros nos
parece normal que la policía federal persiga ladrones
por la calle, mientras permanecemos vulnerables a cualquier
atentado que nos deje un cráter sin que nadie sepa
qué pasó. No es poco lo que nos está
faltando ¿no?.
LyE: ¿El tema del
presupuesto le parece esencial?
Zaffaroni: El problema del presupuesto es grave.
En la medida en que no tengamos una planificación,
es decir un organismo central, llámese consejo
de política criminal o como se llame, con capacidad
y autonomía para hacer un presupuesto, para planificar
lo que hay que hacer, el segmento de seguridad se puede
comer todos los millones del presupuesto y muchos más
y no va a servir para nada. Si no tengo un mapa con el
cuadro de situación hecho, elaborado por sectores
no interesados, que muestre la conflictividad, su intensidad
y sus propias características, no sé como
prevenirla. No puedo prevenir una conflictividad que no
conozco.
Cuando lo tengo recién puedo planificar su prevención
y en consecuencia administrar los recursos. Es lo mismo
que se hace en materia sanitaria: se ven cuáles
son las patologías más frecuentes y graves,
se decide cuáles son de atención preferencial
y se centran los cañones sobre ellas, porque se
dispone de un presupuesto limitado. En las más
graves y las más frecuentes de las conflictividades
tenemos que centrar los cañones. Para eso tengo
que distribuir el presupuesto, para prevenir esto. Ahí
lo distribuyo racionalmente, sino me la paso comprando
helicópteros o chalecos antibalas y, seguro, voy
a comprar los que me vende mi amigo o los que me parece
según el grado de delirio de seguridad. ¿Para
qué compro el helicóptero? ¿Voy a
prevenir violaciones desde el helicóptero? No sé,
pero no parece. ¿Piratería del asfalto?
Tal vez. ¿Será la frecuencia tan grande
que me conviene comprar el helicóptero o hacerle
un descuento en la patente, y que se pague un seguro?
Si no tengo ese tipo de datos no puedo enfrentar una conflictividad
y eso requiere un organismo que sea capaz de hacerlo,
con autoridad para expedirse sobre el proyecto de presupuesto
de seguridad ante el Congreso. La seguridad absoluta no
existe, siempre aparece un delirante que dice “yo
quiero cincuenta millones para prevenir tal o cual cosa”.
No cabe la menor duda que a la policía hay que
pagarle mejor, que se deben mejorar sus condiciones de
trabajo, que se debe permitir su sindicalización
para que pueda discutir horizontalmente, que debemos hacer
una verdadera policía federal en serio, un FBI
nuestro, y la policía de la ciudad tendrá
que ser de la ciudad, tener un PFA realmente jerarquizada.
Otra manera de jerarquizar el servicio de seguridad no
tenemos. Hay que utilizar a la S.I.D.E para investigar
los delitos macroeconómicos, que para eso tiene
que servir, sino no sirve para nada, para pasar chismes,
y a veces equivocados.
LyE: Previa limpieza interna ¿no?
Zaffaroni: No conozco bien cómo funciona
eso, nunca me metí ahí, pero estoy seguro
de que un servicio de informaciones del Estado tiene que
servir para defender su economía, pues de lo contrario,
tendremos un conjunto de chismosos que no sirve para nada,
mejor lo disolvemos y nos ahorramos la plata. La función
sustancial es ocuparse de los hechos que comprometan la
economía nacional. Además son los únicos
capaces de hacerlo. “Robos y hurtos” no puede
investigar eso, son hechos que tienen otra dimensión,
muy grande, muy complicada.
LyE: Y tiene que haber voluntad política….
Zaffaroni: Y tiene que haber
voluntad política claro. Es decir, la corrupción
macroeconómica se previene atendiendo a cuatro
patas fundamentales. Una de ellas es la política
crediticia. Otra está en los organismos de control
de los entes descentralizados (un ente privatizado es
un monopolio, un oligopolio) y si no tengo un organismo
que controle el mercado, mejor dicho que sustituya el
mercado, es una locura entonces lo que estoy haciendo.
La tercera consiste en tener una aduana eficaz. La cuarta
es la recaudación fiscal, o sea, un sistema impositivo
que no funcione tan selectivamente como el sistema penal,
pero que sea eficaz respecto de los grandes contribuyentes.
Sobre estas cuatro bases se ataca la corrupción
macroeconómica.
LyE: El sistema impositivo es selectivo.
Zaffaroni: Es selectivo,
claro. Cae cada día con más sanciones sobre
las PYMES, y de este modo impulsa un proceso de concentración
de capital. ¡Que bárbaro! ¡Revienta
a todas las PYMES cuando proveen el 60% del empleo en
el país! El resto lo hace con impuestos al consumo,
que son los que pagan quienes menos tienen. Un verdadero
suicidio social.
LyE: Pasando a otro tema. Su vocación por
la docencia ¿cómo surge?
Zaffaroni: Siempre, desde que me recibí
empecé a hacer docencia, allá en México,
después en la Universidad Católica de La
Plata y en el posgrado de Buenos Aires.
LyE: ¿Su experiencia como becario le ayudó
a fomentar su vocación?
Zaffaroni: Sí, en realidad en México
me quedé con la cátedra de criminología
un mes y medio la primera vez que fui y después
me contrataron en la Universidad Veracruzana y ahí
me quedé otro año hasta que los acontecimientos
mexicanos de 1968 me impulsaron a volver a la Argentina.
LyE: ¿Cómo vivió en lo personal
el proceso de su designación como Ministro?
Zaffaroni: No me conmocionó tanto. Me llamó
la atención el odio que despertaba en ciertos segmentos.
En un momento me asuste, tuve un poco de miedo, debo confesarlo,
no por los ataques ideológicos sino cuando me di
cuenta de que había una campaña paga, mucho
dinero. Para otros no será nada, pero yo no estaba
acostumbrado y eso me causó mucho temor. A los
enfrentamientos ideológicos no les tengo miedo,
pero pelearme con quienes pagan para hacer campaña,
algo un tanto mafioso, no sabía cómo hacerlo.
Ahí me entró otro tipo de temor.
LyE: ¿Se refiere a Julio Ramos?
Zaffaroni: No, no sé exactamente cómo
fue, pero hubo alguien que fue a averiguar si encontraba
algo en Costa Rica, en México, en Ecuador, en la
sucesión de mi padre de 1964, en la de mi madre
y en la de mi abuelo. Eso se paga, o se inventa una fundación
que no existe. Eso no se hace gratuitamente, todas esas
cosas tienen un costo.
LyE: ¿Cómo está viviendo los
cambios en la Corte y en la Procuración?
Zaffaroni: Bien, tranquilo.
LyE: Al fin llegaron las
mujeres a la corte!
Zaffaroni: Al fin!!! Con gran resistencia de algunos
sectores, llegaron dos mujeres.
LyE: El cupo parecería facilitar el ingreso.
Zaffaroni: En lo parlamentario y en lo electivo
diría que sí. En lo judicial, no sé,
porque hay muchas mujeres jueces, fiscales. Verdaderamente
hay muchas. No creo que sea necesario establecer un cupo
en el Poder Judicial.
LyE: Académicas prácticamente no
hay.
Zaffaroni: Bueno, están Lucila (Larrandart),
Zulita (Fellini), Gladys (Romero). Veremos qué
pasa en los próximos concursos, total ya nos vamos
todos.
LyE: ¿Para los próximos años
qué proyectos tiene?
Zaffaroni: Me quedaré unos años en
la Corte hasta que considere que está todo más
o menos encaminado y me dedicaré a la Universidad
y a investigar.
LyE: ¿En materia de tóxicos prohibidos
va a haber cambios pronto?
Zaffaroni: Habría que preguntarle a Bush.
(Risas). Nosotros no podemos hacer nada, es absurdo pensar
que podemos. Es un problema mundial.
LyE: A nivel de jurisprudencia
de la Corte me refiero.
Zaffaroni: Yo voy a sostener
la tesis que sostuve siempre en cuanto al consumidor,
o al tenedor claro, pero ese es un cambio menor ¿no?.
En cuanto a política general en materia de droga
no sé si estamos en condiciones. Es decir, no sé
hasta qué punto la economía mundial resiste
un cambio de esa naturaleza. No sé lo que pasa
con un cambio político que produjese una caída
vertical y brutal del precio, pero también lo que
observo es que el precio va bajando solo. O sea, no sé
si la DEA allá no funciona como órgano regulador.
El precio de la cocaína baja, quizá la incidencia
en la economía mundial sea menor y pueda hacerse
un cambio, pero es una cuestión económica
¿Qué pasa si se dejan de inyectar los millones
que se inyectan en el circulante mundial por un sobreprecio
del servicio de distribución interna en los países
centrales? Sobreprecio que le da la prohibición
¿no?. No tengo datos para decir si eso es viable
o no. Hasta hace unos años no era viable.
Los Chicago Boys decían que sí, que esa
masa monetaria se iría a ahorro y que no pasaba
nada, parece que mucho no le creyeron. Los neokeynesianos
afirman que no, que se produciría una recesión.
Pero no sé en este momento, le creo más
a los neokeynesianos y parece que en otro lado también
le creyeron más, no cambiaron nada. Pero no sé.
LyE: Trayendo un poco lo
que usted decía del Jesuita Spee ¿Piensa
que la emergencia del terrorismo terminará arrebatándole
la hegemonía a lo de los tóxicos prohíbidos
y con la misma intensidad?
Zaffaroni: Es que lo de los
tóxicos permite un control interno, el terrorismo
no, en cuanto sea terrorismo árabe. Sabemos que
siempre que se vigila se dice que se lo hace para una
cosa y en la realidad se lo hace para otra que no tiene
nada que ver. El terrorismo es un enemigo sustancialmente
externo, ese es el problema, sirve para reforzar el control
migratorio, pero no sirve para aumentar otros controles
internos. Hoy es difícil fabricar enemigos poderosos,
porque hay una serie de prejuicios que existen pero que
no se pueden utilizar: es camino prohibido el racismo,
satanizar a los negros o a los latinos, por ejemplo.
Si Bush pudiera convertir en enemigos a los negros lo
haría, pero no puede, como no puede hacerlo con
los latinos ni con los cubanos. Ni siquiera pudo hacerlo
con la totalidad de los islámicos. Al día
siguiente del 11 de setiembre tuvo que ir a la mezquita
a poner la cara con el Imán. Es decir, sí
hay prejuicios, pero a diferencia de siglos anteriores
no se pueden usar, está prohibido usarlos. Y es
difícil crear un enemigo sin un prejuicio previo.
Las brujas no las fabricó la inquisición,
pues desde mucho antes el prejuicio y las creencias existían;
la inquisición sólo se montó sobre
ellos, los reafirmó y creó todo el aparato.
Siempre fue así: siglos después, la degeneración
era una idea que estaba desde mucho antes. Hoy claro que
hay prejuicios, pero muchos no se pueden usar, no son
utilizables.
LyE: ¿El poder siempre
necesita enemigos para ejercerse?
Zaffaroni: El poder absoluto
sí. Por eso que se ejerce a través del poder
punitivo como elemento verticalizador. Así se fabrica
un enemigo. No es que lo necesite, creo que se puede prescindir,
pero cuando se quiere ejercer en forma absoluta hay que
inventarlo. No se puede montar un estado de policía
si no es sobre la base de un enemigo. No puedo montar
un estado de policía diciendo “limito los
derechos de todo el mundo, y hago esto porque se me da
la gana”. Lo tengo que hacer porque tenemos que
defendernos del enemigo que son los judíos, los
negros, los árabes, los terroristas, la droga,
el comunismo internacional, los sifilíticos, la
degeneración. Siempre que quiero montar el estado
de policía necesito un enemigo.
LyE:
¿Va a haber una tercera edición del Tratado?
Zaffaroni: De la segunda edición todavía
quedan ejemplares. Va a aparecer en breve una nueva edición
del manual. Ya está en la imprenta. O mejor dicho,
lo están componiendo, porque decir que está
en la imprenta es de la época de los tipos de plomo,
cuando venían las pruebas de galera que entintaban
las manos en la corrección. Tenía cierto
sentido romántico. Pero la técnica hoy las
ha archivado.
LyE: Dr. Zaffaroni, muchas
gracias.