Discurso pronunciado por la Dra. Diana Cañal

Acto de Colación de grados del día 17 de febrero de 2017

Foto: Diana Cañal

DIANA CAÑAL

Sobrevivir

¿Para qué hago lo que hago?. Hummm,……. no siempre uno lo tiene tan claro, es más fácil responder, ¿por qué hago lo que hago?

En nuestro caso, muchos de nosotros hemos accedido a la Facultad de Derecho porque teníamos el mandato familiar, porque nos gustaba el derecho, o nos quedaba cómodo, porque nos interesaban algunas de las materias, o por descarte,…o por una gran vocación de servicio.

Pero esto último ya implica un para qué.

Y muchas veces, uno guarda en su interior esta vocación sin saberlo, y ese para qué aflora acá, en la Facultad de Derecho, cuando luchamos por convertirnos en abogados.

Justamente en esta tan vapuleada profesión, aspirable por las posibilidades que brinda, precisamente, para sobrevivir, pero que la comunidad ha comenzado a mirar con recelo (y ni què decir, si nos convertimos en jueces).

Pero es contradictorio. ¿Por qué entonces quien no tenía la llama de la vocación de servicio ve que se enciende aquí?. Es que los talentos adquiridos en nuestra Facultad, pueden ser utilizados en muchos sentidos, incidiendo en la vida de la sociedad, pero lamentablemente no siempre el mejor. De hecho, esto último sucede muchas veces.

Contrariamente, como abogados, podemos hacer mucho más que tener una vida acomodada gracias a nuestra profesión, porque si fuimos iluminados por la llama de la vocación de servicio, la utilizaremos también en pos de nuestra comunidad.

Y eso nos dará un sentido de trascendencia, proyectando nuestros quehaceres cotidianos con la mirada puesta en la utopía de un mundo más equitativo, más igualitario hacia arriba, nunca hacia abajo. Donde los “Juegos del hambre”, sean solo fantasía y no lo que hoy implican: un eco del futuro, muy probable.

Para que esta trascendencia que nos anima, y nos hace inclusive a nosotros mismos la vida más liviana, por la alegría del proyecto en común, sea fructífera, no debemos olvidar el pasado.

El derecho, justamente, tal como hoy lo conocemos, con jerarquías de valores donde los Estados se comprometen a atender a la comunidad toda, pero en primer lugar a quienes están en peor posición, es una conquista de muchos siglos. Lo penoso es cuando con un mal uso del mismo se hace pensar que solo está al servicio de los poderosos. De ahí el descrédito.

Y ciertamente no es muy fácil que un operador jurídico o un académico, acepten que la interpretación del derecho que formulan está fuera de la ley. Todos conocemos la remanida frase de que “la mitad de la biblioteca dice una cosa y la otra mitad otra”, en el sentido de que ambas son posibles. Y ciertamente lo son, como realidad fáctica, mas en referencia al sistema normativo caben solo dos salvedades: o ambas están fuera del derecho, o una de ellas al menos.

El grado de “opinabilidad”, sobretodo formulado por alguien de marcado renombre, se ha instalado como una cuestión válida, en olvido de que la tendencia está prevista por el propio paradigma constitucional, que en el máximo nivel normativo, pauta cuál es el sentido que corresponde darle a la norma en caso de duda.

No obstante, nos encontramos con soluciones y opiniones, propias del originario constitucionalismo liberal, cuando el máximo valor a proteger era la propiedad.

Hoy ya no es así, la misma juega un lugar secundario, aunque al mercado no le plazca. Se trata, simplemente, del derecho vigente, y de él, en los distintos roles que nos toque ocupar, nosotros mismos podemos ser custodios.

Estamos en condiciones de decir qué es lo justo en el marco acordado por nuestra comunidad, sin caer en el engaño de acomodar en cada caso y ante cada persona, la solución que más “nos” convenga, para ganar lugares. Por el contrario, siempre estaremos colaborando con el respeto del derecho, en beneficio de todos, brindando una oportunidad a la tan requerida seguridad jurídica.

Se produce entonces el fenómeno de que los que carecían de un para qué, HOY lo tienen. Nos vemos ante el desafío de comenzar a mirar la vida no ya desde la visión individual, o de nuestro grupo de pertenencia, sino con un compromiso para con nuestra comunidad.

Heridos de la soledad final, y del sentido de finitud que a veces nos embarga, o puede atraparnos, este giro radical (copernicano, contracultural) nos saca del mero hedonismo, de la carrera hacia la nada, y nos instala en la felicidad que provoca aunarte con los otros. Esa trascendencia de la que hablábamos, nos tiende un puente que nos arranca de los pesares cotidianos, y nos instala en el bienestar colectivo, donde ni siquiera es importante si lo veremos durante nuestra vida, pero sí participar de su construcción a futuro.

Y en eso nuestra profesión tiene bastante que hacer. Recordemos que la humanidad ha sufrido mucho y ha ido logrando lentamente un progreso normativo, que llevó a la final consagración del derecho internacional de los Derechos Humanos (parece que me hubiera puesto de acuerdo con la decana, pero ciertamente no sabía que ella presidía el acto).

No fue fácil llegar a él, notemos que la consagración de un paradigma, cualquiera sea, lleva años y luchas, que en este caso es el combate social que, lentamente, fue mejorando la posición de los que eran oprimidos por los poderosos. Históricamente fuimos pasando de modelos jurídicos al servicio del poder absoluto, hacia un constitucionalismo liberal, luego al constitucionalismo social y, por último, al actual de los DDHHFF. Todos en un crescendo de garantías hasta llegar al momento dorado en el que vivimos.

¿Por qué digo esto? Porque tenemos la oportunidad de estar en el espacio histórico donde el derecho ya ha consagrado a nivel planetario una visión más inclusiva y solidaria de la vida en sociedad, ya no es la utopía a construir, sino consagrada a nivel jurídico. Hoy el desafío es otro, el de lograr su efectividad. He aquí el nuevo lugar al que llegar, utopía, sí.

Nuestra función, nuestra habilidad, es esclarecer en cada lugar que nos toque, en el ejercicio de la profesión, como docentes, como parte del poder judicial, que el paradigma constitucional vigente es el que se debe respetar y que no puede ser vulnerado ni por vía de interpretación, ni de reglamentación.

En esa lucha estamos muchos, entre otros nosotros, Spes, un grupo de estudiantes y profesores (veo hoy varias caritas felices que forman parte del grupo, obteniendo su título),empecinados en salir y sacar a otros de las oscuridades, en saber tener una lectura crítica de todo lo dicho hasta hoy, que no se convierte en verdadero por quién lo dice, sino si está en consonancia con lo que este nuevo sistema constitucional dispone.

Puede parecer poco, pero aseguramos que no lo es. Si cada uno lucha por el verdadero conocimiento y leal aplicación del modelo jurídico vigente, en el que se ha comprometido nuestro país, si lo comunica y si es consciente de las inmensas bondades de un sistema continental por sobre uno de common law y de casaciones vinculantes (a fin de impedir la preeminencia de la política por sobre el derecho), ya no será necesario entregar la vida, sino el tiempo de nuestra vida en una tarea cotidiana y sencilla, que no nos aleje de lo conquistado.

Muchas gracias.



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