Conversatorio "A 50 años del golpe: en defensa de la democracia y los derechos humanos"
Valeria Thus, Alejandro Slokar, Mónica Pinto y Leonardo Filippini
En el Salón Rojo, el pasado 25 de marzo, tuvo lugar el conversatorio “A 50 años del golpe: en defensa de la democracia y los derechos humanos”, organizado por el Programa de Extensión Universitaria “Justicia y Memoria” y el Centro de Derechos Humanos. Participaron la profesora emérita Mónica Pinto y el profesor titular Alejandro Slokar. Las palabras introductorias estuvieron a cargo de la profesora Valeria Thus, coordinadora del Programa “Justicia y Memoria”, y del profesor Leonardo Filippini, coordinador del Centro de Derechos Humanos.
La apertura estuvo a cargo de Valeria Thus, quien planteó que los 50 años del golpe constituyen una instancia que interpela a la reflexión en torno a los sentidos de la memoria, sus disputas y el compromiso con la defensa de la democracia. En ese marco, señaló que estas discusiones también se vinculan con la construcción mítica del pasado y con un contexto particular en el que, según indicó, emergen posiciones que sostienen versiones “más brutales del neoliberalismo contra la democracia”. A partir de ello, hizo referencia al Programa “Justicia y Memoria”, fundado por Mónica Pinto y actualmente bajo su coordinación. Explicó que uno de sus propósitos centrales es acercar a los/as estudiantes de la Facultad de Derecho a los juicios por crímenes de lesa humanidad, con el objetivo de generar una reflexión intergeneracional, especialmente para quienes no vivieron la dictadura.
A continuación, Leonardo Filippini se refirió al trabajo del Centro de Derechos Humanos. En su intervención, destacó la importancia de sostener espacios de diálogo en los que la Constitución y los mecanismos institucionales de resolución de conflictos ocupen un lugar central. En ese sentido, evocó el contraste entre el año 1983 y el período de la dictadura, al que describió como un “contraste luminoso” frente a lo más oscuro de la historia reciente. Asimismo, compartió una reflexión personal sobre el retorno de la democracia, aludiendo a su experiencia como joven en ese contexto y al significado que tuvo “respirar” ese momento histórico. Subrayó, además, el valor de quienes continuaron con esa gesta democrática, señalando que ese legado incomoda a las gestiones autoritarias que operan contra determinadas formas de pensar y sentir. Por ello, remarcó la importancia de mantener viva esa herencia y expresó su expectativa de que el encuentro se inscriba en una serie de instancias de debate futuras.
Luego se dio la palabra a Mónica Pinto, quien inició su exposición situándose en el 24 de marzo de 1976, cuando las Fuerzas Armadas asumieron el control del país. A partir de una referencia personal, ya que señaló que para ese entonces ya se había recibido, introdujo una serie de elementos que, según expresó, “sirven para el Derecho”. En su reconstrucción, explicó que ese día se instauró un proceso de reorganización nacional que suspendió el mandato constitucional surgido de las elecciones de 1973, en las que había resultado electa la fórmula Perón-Perón. En ese contexto, se refirió también al gobierno de Isabel Perón, que sucedió a Juan Domingo Perón tras su fallecimiento, y sostuvo que durante ese período comenzaron a desplegarse prácticas que luego serían profundizadas por la dictadura.
En particular, mencionó la actuación de la Triple A, que llevó adelante redadas y ejecuciones, así como el accionar de organizaciones armadas como Montoneros. En ese marco, recordó el copamiento de la base de Monte Chingolo por parte del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y señaló que estos hechos derivaron en el denominado Operativo Independencia en Tucumán, al que caracterizó como un conflicto armado interno en el que no se aplicó el derecho argentino. Sobre esta base, describió el escenario en el que las Fuerzas Armadas declararon la caducidad de los mandatos del presidente y vicepresidente, de los gobernadores y vicegobernadores, disolvieron el Congreso e introdujeron cambios en el Poder Judicial, además de avanzar en una derogación parcial de la Constitución Nacional.
Asimismo, Pinto señaló que el gobierno militar reconfiguró el territorio nacional bajo una lógica de organización militar, ejemplificando que la provincia de Córdoba pasó a ser sede del Tercer Cuerpo de Ejército. Indicó también que las cúpulas militares decidían sobre la vida de las personas y la disposición de sus bienes en nombre de la doctrina de seguridad nacional, bajo la cual se secuestró y asesinó a miles de personas. Explicó que muchas de estas muertes ocurrieron en zonas liberadas y sin registros oficiales. A su vez, mencionó que estas prácticas no se limitaron al ámbito nacional, sino que se extendieron a través del denominado Plan Cóndor, mediante la coordinación con fuerzas armadas de otros países de la región. No obstante, subrayó que el régimen no estuvo exento de cuestionamientos internacionales, recordando la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. A partir de este recorrido histórico, concluyó que el 24 de marzo debe ser entendido como un día de duelo con memoria.
Posteriormente, Alejandro Slokar tomó la palabra y planteó que la dictadura no sólo implicó la desaparición de 30.000 personas, sino también una profunda destrucción del país, a partir de transformaciones que calificó como traumáticas y cuyos efectos, sostuvo, se mantienen hasta la actualidad. En su intervención, retomó referencias de Rodolfo Walsh y Gabriel García Márquez, y trajo a colación el caso de Floreal Avellaneda, secuestrado por fuerzas militares en el marco de la persecución a su padre. Señaló que su cuerpo fue hallado en la costa, y que su historia, como la de miles de otras víctimas, forma parte del entramado de violencia del régimen genocida argentino.
Finalmente, tras las exposiciones, se desarrolló una mesa de diálogo que permitió continuar el intercambio en torno a los temas abordados durante la jornada.