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Año XXI - Edición 373 19 de mayo de 2022

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A 10 años de la Ley de Identidad de Género

  • Nota de Tapa

Organizada por el Programa "Género y Derecho" y la Red de Profesoras de la Facultad, el pasado 12 de mayo tuvo lugar la jornada “A 10 años de la Ley de Identidad de Género”.

Participaron en calidad de expositores/as Cristina Montserrat Hendrickse, Moyi Schwartzer, Nico Grinóvero y Emiliano Litardo y moderó Carolina Spataro.

En primer lugar, Cristina Montserrat Hendrickse expuso: “Son más de cuatro mil años de transodio, de transfobia, de considerar pecado a la identidad de género. Con las luchas de los movimientos y los colectivos LGBT, esta posición de ubicar a la identidad de género como un pecado pasó a patologizarse. El positivismo colocó a la identidad de género ya no como un pecado, sino como una enfermedad y así fue como estuvo catalogada en la Organización Mundial de la Salud”.

Por otro lado, señaló: “Esta ley que estamos recordando hoy a 10 años ha sido pionera en el mundo porque en su art. 13 nombra a la identidad de género como derecho humano. Un derecho humano, entonces, ya no es una ideología, ni una moda”. Y sumó que esta definición que se anima a hacer el derecho argentino del derecho humano a la identidad de género es reconocida en el año 2016 por el Comité de los Derechos del Niño de la ONU a cuatro años de la ley argentina. “En la observación general número 20 en el año 2016 sobre la efectividad de los derechos del niño durante la adolescencia también encuadró el derecho a la identidad de género dentro del derecho a la libertad de expresión y del derecho al respeto a la identidad física y psicológica”, subrayó.

Asimismo, cinco años después de esta ley argentina, “la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la opinión consultiva número 24, (...) vinculó el derecho a la identidad de género con el derecho humano a la identidad y a la identidad de los niños con los derechos humanos a la libertad y a la libertad de expresión, a la no discriminación, al respecto al derecho a la vida, a la supervivencia, el desarrollo y el principio de respeto a la opinión de los niños o de las niñas en todo momento”. En este sentido, remarcó: “Tenemos una posición conteste desde los organismos de derechos humanos internacionales de que estamos en presencia de un derecho humano”, y sostuvo: “En este contexto de avance mundial de la derecha, el principio más importante es el principio de progresividad y no regresividad de los derechos humanos”.

A su turno, Emiliano Litardo expresó que el proceso de sanción de la ley fue complejo “porque los movimientos travestis trans y las alianzas gay-lésbicas tuvimos que dar una batalla contra dos discursos hegemónicos muy fuertes: el discurso jurídico y el discurso médico que establecían cómo habitar y cómo estar en un género y no en otros y si estabas en otro género estabas del lado de lo patológico, de lo anormal”.

Luego compartió cómo se gestó la ley. “Entre el 2010 y 2012 en el parlamento argentino coexistían tres proyectos de ley. Uno que establecía el reconocimiento del derecho a la identidad de género, pero más anclado a una cuestión registral y vinculado a sistemas probatorios que lo asociaban más a un modelo patologizador y, por otro lado, estaban los otros dos proyectos (...) que dividían, por un lado, los aspectos registrales y, por otro lado, los aspectos sanitarios. En ese contexto, empezaron a establecer una serie de crítica a esos proyectos, en parte por la no intervención ni participación activa de los movimientos travesti trans y también porque esos proyectos de ley no encarnaban las experiencias vitales y las que tenían que ver con cómo expresar un género afirmado”.

En este marco, compartió: “Fue así como Lohana Berkins decide armar el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género. Junto a Diana Sacayán convoca a las diferentes organizaciones y activistas trans independientes y a las alianzas gay-lésbicas”.

En cuanto al proyecto del Frente, detalló: “Establecía una única legislación, un texto unificado, que pudiera dar cuenta que desde la cuestión de la identidad de género no transcurre solamente por la dimensión registral, que la cuestión de la identidad de género no se circunscribe solo a la cuestión corporal o de acceso a las tecnologías de modificación corporal y que la construcción de la identidad de género no pasa solo por el trato digno, sino que tiene que ver con todo eso y aspectos muchos más complejos”.

Nico Grinóvero, por su parte, compartió la experiencia de las nuevas generaciones trans en el marco de vivir una vida con una ley a diferencia de compañeras y compañeros que no la tuvieron y cómo, a pesar de esa ley, hoy en día se viven con muchos obstáculos aun teniendo privilegios. Además, expresó: “La ley es muy amplia y permite que el Estado pueda trabajar en mejorar las categorías y abrirlas”. Sin embargo, sostuvo: “La ley nos da el DNI y las hormonas, pero no basta con eso. Necesitamos acceder al trabajo, a la vivienda, a la educación y a la tecnología”.

Finalmente, Moyi Schwartzer expresó: “La existencia de una ley de identidad de género es el reflejo de las luchas sociales del trabajo de las militancias por visibilizar y por reconocer derechos. Eso también hace a los cambios culturales”. También indicó que la ley de identidad de género y la ley del matrimonio igualitario “son el reflejo de transformaciones sociales o de necesidades de transformación social y eso hay que acompañarlo. No es una ley sola. Por eso me interesa nombrar la ley de educación sexual integral que este año cumple 16 años”, que entre sus ejes está el reconocimiento a la perspectiva de género, el respeto a la diversidad, el cuidado del cuerpo, la afectividad y la perspectiva de derecho. “El problema es que casi no se aplica, es muy difícil, porque las leyes también necesitan de la decisión política. Esto también es para la ley de identidad de género y todas las leyes”, planteó.