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Año VIII - Edición 149 28 de septiembre de 2009

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Seminario Permanente sobre Historia de la Facultad de Derecho ôLa impronta de Jorge Eduardo Coll en el Derecho argentinoö

  • Notas

En el marco del Seminario Permanente sobre Historia de la Facultad de Derecho, se rememoró la figura del Dr. Jorge E. Coll, jurista, hombre de Estado y principal precursor de nuestro actual edificio, inaugurado en 1949.

La conferencia del doctor Alberto David Leiva fue realzada por la presencia de familiares y ex discípulos del Dr. Coll, como los doctores Alberto Rodríguez Galán, Juan A. Aguirre Lanari y Eduardo Aguirre Obarrio. También hizo llegar su expresa adhesión el Dr. Segundo V. Linares Quintana.

Abrió el acto, el Vicedecano, Dr. Tulio Ortiz, quien se refirió al homenajeado, y a la tarea de recuperación de la memoria histórica del Seminario Permanente.

Para comenzar su conferencia, el Dr. Alberto David Leiva contó que el Dr. Coll, a sus 18 años, fue precursor la revista “Ideas” donde se evidenció su temprana habilidad para exponer por escrito sus pensamientos. Dos años más tarde, en 1905, ingresó en la justicia nacional como escribiente, pasando por auxiliar, secretario del Juzgado de Instrucción de la Capital. Contemporáneamente a su carrera judicial, indicó que en 1913, como Fiscal de Primera Instancia, Coll participó en la denominada causa del “petiso orejudo”, en la cual apeló la decisión de la primera instancia, que consideraba al imputado como irresponsable por alineación mental, entendiendo que “no era un demente, ni un afectado de imbecilidad absoluta, poseyendo conciencia de los hechos cometidos así como de su criminalidad, por lo que era responsable y debía ser condenado”; ya en Cámara se lo consideró como imbécil relativo, poseedor de discernimiento pero no de criterio ético, recluyéndolo a una penitenciaría por tiempo indeterminado.

Sin embargo, recordó que, dos años antes de la sentencia, la revista “Criminología, Psiquiatría y Medicina Legal” publicó el texto de la vista del Fiscal Coll, “por considerarla una pieza jurídica de la mayor importancia”.

Por otra parte, aclaró que fue un abanderado de la criminología en función tutelar, “tenía la convicción de que todos los jóvenes, sin distinción de circunstancias, como depositarios del futuro de la Nación deben ser protegidos”. Fue también fundador del Patronato Nacional de Menores, en 1924, y por su iniciativa se organizó en 1933, las “I Conferencias sobre la Infancia Abandonada y Delincuentes”, en la que participaron delegados del Gobierno Provincial, de las Universidades, entidades de protección de la infancia, magistrados y funcionarios judiciales, “que tenían como objeto aprobar las bases de una legislación para menores, tribunales especiales para estos y la organización de establecimientos educativos”.

En la misma línea, se refirió a la defensa que hizo, en el año 1935, junto a los Dres. Raimundo Meabe y Enrique Torino, del Gobernador de Buenos Aires, Federico Martínez de Hoz, en el juicio político ante el Senado de la Provincia.

Luego, evocó la designación para elaborar un Proyecto de Reforma del Código Penal, junto al Dr. Eusebio Gómez, como también a la iniciativa tomada, ya como Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, bajo las Presidencias de Roberto Ortiz y Ramón Castillo, sobre el Proyecto de Ley de educación común e instrucción primaria, media y especial.

Por su parte, comentó que en el año 1939, a través de la Ley de Presupuesto, solicitó partidas especiales para la creación de colegios secundarios, escuelas para no videntes, kinder gardens, museos y bibliotecas, sin obviar una de sus mayores intenciones, la de conseguir un nuevo edificio para la Facultad de Derecho, lo cual pidió, en las sesiones del 23 y 24 de diciembre de 1938, que “por la misma ley se destinará la suma de 6 millones de pesos argentinos para construir, en el terreno fiscal que determinase el Poder Ejecutivo, un nuevo edificio para la Facultad”.

Por ende, añadió que la Ley 12.578 destinó 6 millones para la construcción, en terrenos municipales, y dispuso una Comisión para que controlase a la misma.

No obstante, hizo referencia al contexto nacional en que se encontraba el país en 1946, con las Universidades Nacionales intervenidas y una fuerte confrontación entre el Gobierno y el movimiento estudiantil, consecuencia de ello fue la presentación de renuncia del Profesor Coll a su cargo. Este movimiento se disputaba la representación de los estudiantes en tres agrupaciones: el Centro Argentino, nacionalistas y conservadores; el Centro de Estudiantes de Derecho, que eran radicales y sociales; y el Centro de la Facultad de Derecho, integrado por estudiantes apolíticos.

Por lo tanto, resaltó que el Centro de la Facultad de Derecho dirigió una nota al Profesor Coll, “en la cual manifiestan solidaridad a su renuncia, entendiendo como un privilegio a su talento, su jerarquía intelectual y su actitud”.

Entretanto, citó a un otrora militante del antiguo Centro de Estudiantes de Derecho, el historiador Félix Luna, que dijo: “nos trasladamos de la vieja Facultad de Avenida Las Heras a la nueva, de la avenida Figueroa Alcorta, que parecía un lugar remotísimo, lejano, de difícil acceso; había una cantidad de comodidades y facilidades para los estudiantes pero, los que nos considerábamos opositores, nos negábamos rotundamente a hacer uso de estos lujos porque nos parecían una forma de soborno”.

Posteriormente, destacó que pasado el derrocamiento de Perón, Coll volvió a enseñar en la Facultad a partir de 1955, y explicó en una de sus clases que “hace nueve años me vi obligado a presentar mi renuncia de la cátedra que ejercía, desde 1918, en razón de considerar, por entonces, disminuida la dignidad de su contenido moral”.

Del mismo modo, subrayó la donación que hizo a la Facultad de Derecho, su biblioteca particular, fruto de su dedicación al estudio, especializada en Derecho Penal y Criminología, y la designación en 1961 como Profesor Emérito, que paso a ser en 1966, Profesor Honorario de la misma.

En lo relativo a su deceso, entendió que desde su fallecimiento, el 2 de julio de 1967, y por mucho tiempo más, “llevan y llevarán su impronta varias generaciones de argentinos”.

Para finalizar, concluyó leyendo un párrafo de la última clase que dio el Profesor, en la que dijo “quien brille en la cátedra y no trasmita su fulgor al que debe sustituirle no cumple su función en la Universidad; el catedrático que no forma a quien pueda seguir su acción y su obra no ha cumplido con su función fundamental, porque toda su ciencia y el profundo valor científico ha estado al servicio de un egoísmo o incapacidad docente, que terminará por esterilizar su propósito”.

Al concluir la conferencia los doctores Aguirre Obarrio, Aguirre Lanari y Rodríguez Galán recordaron hechos muy significativos para la historia de nuestra Facultad y del país, ocurridos en las décadas del 40 y del 50 que los tuvieron como protagonistas al Dr. Coll y a ellos mismos. Cerrando así una tarde de jerarquía académica y emotiva evocación.