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Año XIV - Edición 247 07 de mayo de 2015

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Cuerpo y máquina: modelos e imágenes de la sociedad después del “Leviatán”

  • Notas

El pasado 20 de abril se realizó una conferencia en el Salón Azul de la Facultad de Derecho, a cargo de Andrea Bardin (Università di Padova, University of Brunel, London). La actividad estuvo organizada por Proyecto UBACyT: “Crítica y prognosis del estado actual del saber en el mundo del juicio performativo a la luz de la situación argentina”, dirigido por Gonzalo Aguirre.

En primer término, Gonzalo Aguirre pronunció las palabras de bienvenida. “El evento de hoy emerge de la realización del II Coloquio internacional Gilbert Simondon, que está teniendo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA”, expresó. Luego, Laureano Correa se refirió a la separación entre la cultura técnica y la cultura que se opondría a la técnica. “Desde el coloquio Simondon se viene gestando una filosofía que trata de trascender esta dicotomía”, explicó. Federico Winer realizó una introducción, señalando que la máquina moderna es un aparato conceptual. “Esta máquina es muy interesante porque la empezamos a reconocer como propia, la parte más ‘maquínica’ de esta máquina se da precisamente con Hobbes”, consideró. De esta manera, recordó que hay una cita del Leviatán de Hobbes en el que propone pensar al soberano como un automaton, una máquina, cuyo funcionamiento sería hacer leyes. “Haría leyes de manera seriada, como una máquina”, adicionó. El principio de legitimación de cada ley que produce esta máquina es ella misma, la propia máquina haciendo leyes.

Acto seguido, Andrea Bardin describió que el modelo de cuerpo político como imitación del cuerpo humano en otra escala permanece como dominante en las ciencias políticas hasta fines del siglo XIX. Cuando llega el pensamiento de Hobbes, este se basa en una revolución científica donde el cuerpo es considerado como una máquina. A partir del año ’40 del siglo XVII, Hobbes intenta construir una teoría política a la altura de la filosofía cartesiana que sea un estudio de los hombres tal como son y no como querrían ser, como había sido toda la filosofía política, según Hobbes, hasta él. “Como se ve en el prefacio de De Cive, la idea es estudiar el cuerpo político como se estudia en la naturaleza, siguiendo la analogía de un reloj automático”, consideró. Esto se debe a que el reloj automático, a diferencia del organismo, funciona según leyes que permiten prevenir, preverlo y anticiparlo. En este sentido, se quita del medio la idea de finalidad natural del cuerpo político y explica el cuerpo político como una entidad artificial, que no está construida por Dios, sino por el hombre, y que el hombre puede controlar. El orador afirmó que el Leviatán esla obra más notable de Hobbes, aunque según Hobbes esta no es su obra de ciencia, sino que es De Cive. Luego, mencionó la pérdida de fe de este autor en el hecho de que la ciencia pueda resolver los problemas políticos por sí sola. “En el Leviatán la ciencia no es algo que deba guiar al legislador”, agregó Bardin. Además, indicó que el deseo implícito en la filosofía cartesiana de una legislación total del cuerpo social se transfiere en Hobbes a su ciencia del cuerpo político. “No me parece que sea el éxito de un modelo mecánico, como podríamos entenderlo hoy, más bien otra manera del mismo modelo teológico, según el cual la justicia no es conocida por el hombre en tanto que es una prerrogativa divina”, examinó. Sin embargo, eso debe ser sustituido por un mecanismo que produzca el efecto de orden de una justicia que no está presente.

Según Carl Schmidt, el modelo de Hobbes, aun siendo científicamente válido, no funciona, así como la democracia liberal no funciona porque produce un mecanismo que no funciona como mito. “Para Schmidt, la solución es el nacionalsocialismo, en el cual el aparato tecnocrático ilegal está sostenido por el mito del Estado-Nación”, prosiguió. Bardin entendió que la operación hobbesiana ha funcionado muy bien porque ha creado una alternativa aparente al modelo teológico clásico, pero manteniendo la misma estructura teológico-política en la estructura mecanicista, neutralizando de este modo las potencialidades críticas de la filosofía materialista. “Si el modelo clásico biológico es en el fondo un modelo dualista, se mantiene dentro del dispositivo hobbesiano, que en realidad Hobbes presenta como meramente materialista”, consideró. Esto, según Bardin, es paradigmáticamente evidente en el modo en que Hobbes intenta producir una síntesis que no logra nunca en el Leviatán. Asimismo, el expositor evidenció que Hobbes ha construido una terminología en la cual intenta traducir todos los términos de tipo biológico en términos mecánicos que mantengan la misma función. Por otra parte, analizó que a Hobbes le interesa producir un discurso político que construya una retórica de la necesidad de la unidad del cuerpo político, más que un análisis materialista crítico de esta concepción clásica teológico-política. “El objetivo de Hobbes, cuando escribe de filosofía política, más allá de lo que él diga, es evitar el riesgo y el peligro de un cuerpo con muchas cabezas, que ha producido la Guerra Civil Inglesa”, resaltó. Respecto al éxito del modelo hobbesiano, consideró que es un éxito de tipo ideológico-retórico en el que se mantiene la antigua promesa de la filosofía política de generar una solución política, definitiva, estable, en la cual el orden político está basado en una ciencia de la naturaleza humana que permite su reproducción, en principio eterna, y si no, lo más larga posible. “Hobbes reconoce que Leviatán es un dios mortal, pero que entre los cuerpos naturales es el que puede durar más”, remarcó.

“El objetivo de Hobbes, cuando escribe de filosofía política, más allá de lo que él diga, es evitar el riesgo y el peligro de un cuerpo con muchas cabezas, que ha producido la Guerra Civil Inglesa”, resaltó Andrea Bardin.